LA COMUNICACIÓN
Publicado por Miglesias el 13/1/2008 (4649 lecturas)
Antes de nada, espero que hayáis pasado unos magníficos días navideños y desearos un próspero año hípico 2008 y como estas fechas son propicias para la realización de planes, dejar de fumar, adelgazar, ir más al gimnasio, aprender ingles, etc. . . . . os propongo un plan: intentar comunicarnos mejor con nuestros caballos.
Todos, en variadas circunstancias y medios, nos estamos comunicando de formas distintas, porque existen diferentes “ lenguajes “ o medios de comunicación de todos conocidos; escrito, hablado, corporal, de signos, etc . . . ; y en qué consiste básicamente este proceso? en mandar o recibir información, agente emisor o receptor, comprenderla y obrar en consecuencia, es preciso, por tanto que ambos agentes conozcan el “lenguaje” en el cual se está estableciendo este proceso. Sólo hay comunicación “cuando el mensaje es captado, sentido y comprendido por el receptor”.
Con los caballos nos pasa algo parecido. Sabemos, porque nos lo han enseñado, las ayudas que debemos emplear, en tal o cual ejercicio, y nosotros las aplicamos con la intención de que nuestro caballo las entienda y lo realice a la perfección, pero ya hemos visto anteriormente que en este proceso intervienen dos agentes protagonistas. Si nuestro caballo no está “escuchando” ya le podemos mandar toda clase de información y en todos los lenguajes posibles, que la comunicación no se producirá, con lo cual estaremos perdiendo el tiempo, desesperándonos, por lo torpe que es nuestro caballo, etc . . ., por tanto nosotros que somos los “animales racionales” debemos de preguntarnos ¿estamos escuchando a nuestro caballo?.¿Analizamos bien sus reacciones? ¿Conocemos su estructura anatómica? ¿Cuál es su comportamiento etológico? , etc…
El caballo no está construido para ser montado, pero no nos olvidemos, el ser humano tampoco esta pensado para montar a caballo. Grave problema. De todas formas ya que estamos a caballo y dejando de lado otras muchas consideraciones, debemos de hacernos entender y entender nosotros a nuestros caballos, con la esperanza de avanzar en nuestra equitación.
Los caballos aprenden a realizar ejercicios variados y complejos y lo hacen por el método de la repetición de tareas sencillas pasando a más complejas, ¿y cuál debe ser nuestro lenguaje? El más sencillo y simple que existe: BIEN – SI.; MAL – NO; acierto – recompensa; fallo – castigo, bien entendido, no físico, reprimenda, llamada al orden.
Por ejemplo: si pedimos galope sobre el pie derecho, desde el paso, el caballo debe de salir sin dar trancos de trote, sobre el buen pie, con equilibrio, con acción, sin estrés, con una buena colocación cuello-nuca- cabeza, sin tensión sobre las riendas, etc….,si se da todo esto, aunque sólo sea durante un tranco, acariciaremos mucho a nuestro caballo, lo recompensaremos, le haremos entender que lo ha hecho muy bien y le volveremos a pedir lo mismo otra vez; lo realizará bien , pero ya se mantendrá dos trancos, magnífico. Muchas más caricias, y otra vez , hasta que se mantenga activo, ligero y sobre sus posteriores todo el tiempo que nosotros queramos. A este caballo le hemos enseñado a galopar, y ya nunca volverá a estar volcado, pesado en la mano, falto de impulsión ,etc…., esto en el mejor de los casos; si en algún momento de todo este proceso el caballo no cumple nuestras expectativas, corregimos, paramos, NO. Le vamos a decir que esto no es lo que le habíamos pedido. Calma y a pedir de nuevo. Cuando se produzca el acierto, recompensaremos con el doble de intensidad con la que hemos corregido. Y así poco a poco, pero avanzando, el caballo enseguida entiende y obtendremos un 100% de éxitos.
Tened en cuenta, que de una u otra forma, estamos educando a nuestro caballo, modelando un carácter y un físico, fomentando una forma de ser .Educar es una responsabilidad infinita, no podemos premiar algo que ayer corregimos, o dejar sin reprimenda una incorrección; por tanto debemos de ser consecuentes, precisos, constantes y tenaces en nuestro trabajo. Todos los días nuestros errores se ponen de manifiesto, al igual que nuestros logros que nos llenan de satisfacción y nos estimulan a continuar este arduo camino.
Otro factor que entra en juego en el proceso del aprendizaje, es el tiempo que nuestro caballo es capaz de estar receptivo a nuestras indicaciones; no es infinito, tiene un límite. No nos referimos a la puesta en forma física ni a la resistencia.
Un caballo no va a estar atento durante 2 horas, ni 1 hora, en una sesión de trabajo. Se ha comprobado que los caballos deportivos asimilan mucho mejor su entrenamiento si las sesiones de enseñanza no superan los 20 minutos; éste es el margen que podemos utilizar diariamente para enseñar a nuestros caballos; obviamente tiene que existir un periodo de calentamiento y otro periodo de vuelta al reposo, por tanto un buen método de entrenamiento sería aquel en el cual se estableciesen de 3 a 4 tareas a trabajar en una sesión, empezando desde la más básica a la más compleja y estas tareas realizarlas, mediante trabajos de repetición y progresivos; es decir, pedir un ejercicio, claramente, obtenemos un resultado: bien-recompensa; mal-corrección . Descanso y volvemos a pedir lo mismo; así repetiremos de 4 a 6 veces. Este proceso no dura más de 5 minutos, si tenemos 4 tareas a trabajar, estaremos empleando esos 20 minutos de los que disponemos de máxima receptividad de nuestros caballos.
De esta manera estamos concentrando la carga de trabajo en el tiempo y mandando información clara al caballo, y se lo estamos haciendo repetir, con lo cual él lo está aprendiendo. Durante estos períodos cortos de trabajo, sí debemos de ser muy exigentes en la concentración de nuestros caballos; debemos de separar claramente los tiempos de trabajo de los de recreo; cuando les pedimos trabajo, no permitiremos distracciones y faltas de atención, queremos la máxima concentración por su parte, que esté atento a nuestras indicaciones, esto nos será muy útil en el futuro. El día de la competición, por ejemplo.
Todo esto bien entendido, que debemos de ser capaces de dosificar y planificar muy bien nuestro entrenamiento con la finalidad de progresar en el mismo y tener un caballo dispuesto a acompañarnos por ese camino. Debemos cuidar y “trabajar”, muy mucho su cabeza; su moral debe de estar siempre alta, su confianza y auto-estima deben de encontrarse en niveles óptimos. Es nuestro indicador de que vamos por buen camino, que nuestro método y progresión es el adecuado. Enhorabuena. Lo hemos conseguido. Nos estamos comunicando con él, enseñándole y progresando en nuestras aspiraciones ecuestres.
Francisco Miñana
Todos, en variadas circunstancias y medios, nos estamos comunicando de formas distintas, porque existen diferentes “ lenguajes “ o medios de comunicación de todos conocidos; escrito, hablado, corporal, de signos, etc . . . ; y en qué consiste básicamente este proceso? en mandar o recibir información, agente emisor o receptor, comprenderla y obrar en consecuencia, es preciso, por tanto que ambos agentes conozcan el “lenguaje” en el cual se está estableciendo este proceso. Sólo hay comunicación “cuando el mensaje es captado, sentido y comprendido por el receptor”.
Con los caballos nos pasa algo parecido. Sabemos, porque nos lo han enseñado, las ayudas que debemos emplear, en tal o cual ejercicio, y nosotros las aplicamos con la intención de que nuestro caballo las entienda y lo realice a la perfección, pero ya hemos visto anteriormente que en este proceso intervienen dos agentes protagonistas. Si nuestro caballo no está “escuchando” ya le podemos mandar toda clase de información y en todos los lenguajes posibles, que la comunicación no se producirá, con lo cual estaremos perdiendo el tiempo, desesperándonos, por lo torpe que es nuestro caballo, etc . . ., por tanto nosotros que somos los “animales racionales” debemos de preguntarnos ¿estamos escuchando a nuestro caballo?.¿Analizamos bien sus reacciones? ¿Conocemos su estructura anatómica? ¿Cuál es su comportamiento etológico? , etc…
El caballo no está construido para ser montado, pero no nos olvidemos, el ser humano tampoco esta pensado para montar a caballo. Grave problema. De todas formas ya que estamos a caballo y dejando de lado otras muchas consideraciones, debemos de hacernos entender y entender nosotros a nuestros caballos, con la esperanza de avanzar en nuestra equitación.
Los caballos aprenden a realizar ejercicios variados y complejos y lo hacen por el método de la repetición de tareas sencillas pasando a más complejas, ¿y cuál debe ser nuestro lenguaje? El más sencillo y simple que existe: BIEN – SI.; MAL – NO; acierto – recompensa; fallo – castigo, bien entendido, no físico, reprimenda, llamada al orden.
Por ejemplo: si pedimos galope sobre el pie derecho, desde el paso, el caballo debe de salir sin dar trancos de trote, sobre el buen pie, con equilibrio, con acción, sin estrés, con una buena colocación cuello-nuca- cabeza, sin tensión sobre las riendas, etc….,si se da todo esto, aunque sólo sea durante un tranco, acariciaremos mucho a nuestro caballo, lo recompensaremos, le haremos entender que lo ha hecho muy bien y le volveremos a pedir lo mismo otra vez; lo realizará bien , pero ya se mantendrá dos trancos, magnífico. Muchas más caricias, y otra vez , hasta que se mantenga activo, ligero y sobre sus posteriores todo el tiempo que nosotros queramos. A este caballo le hemos enseñado a galopar, y ya nunca volverá a estar volcado, pesado en la mano, falto de impulsión ,etc…., esto en el mejor de los casos; si en algún momento de todo este proceso el caballo no cumple nuestras expectativas, corregimos, paramos, NO. Le vamos a decir que esto no es lo que le habíamos pedido. Calma y a pedir de nuevo. Cuando se produzca el acierto, recompensaremos con el doble de intensidad con la que hemos corregido. Y así poco a poco, pero avanzando, el caballo enseguida entiende y obtendremos un 100% de éxitos.
Tened en cuenta, que de una u otra forma, estamos educando a nuestro caballo, modelando un carácter y un físico, fomentando una forma de ser .Educar es una responsabilidad infinita, no podemos premiar algo que ayer corregimos, o dejar sin reprimenda una incorrección; por tanto debemos de ser consecuentes, precisos, constantes y tenaces en nuestro trabajo. Todos los días nuestros errores se ponen de manifiesto, al igual que nuestros logros que nos llenan de satisfacción y nos estimulan a continuar este arduo camino.
Otro factor que entra en juego en el proceso del aprendizaje, es el tiempo que nuestro caballo es capaz de estar receptivo a nuestras indicaciones; no es infinito, tiene un límite. No nos referimos a la puesta en forma física ni a la resistencia.
Un caballo no va a estar atento durante 2 horas, ni 1 hora, en una sesión de trabajo. Se ha comprobado que los caballos deportivos asimilan mucho mejor su entrenamiento si las sesiones de enseñanza no superan los 20 minutos; éste es el margen que podemos utilizar diariamente para enseñar a nuestros caballos; obviamente tiene que existir un periodo de calentamiento y otro periodo de vuelta al reposo, por tanto un buen método de entrenamiento sería aquel en el cual se estableciesen de 3 a 4 tareas a trabajar en una sesión, empezando desde la más básica a la más compleja y estas tareas realizarlas, mediante trabajos de repetición y progresivos; es decir, pedir un ejercicio, claramente, obtenemos un resultado: bien-recompensa; mal-corrección . Descanso y volvemos a pedir lo mismo; así repetiremos de 4 a 6 veces. Este proceso no dura más de 5 minutos, si tenemos 4 tareas a trabajar, estaremos empleando esos 20 minutos de los que disponemos de máxima receptividad de nuestros caballos.
De esta manera estamos concentrando la carga de trabajo en el tiempo y mandando información clara al caballo, y se lo estamos haciendo repetir, con lo cual él lo está aprendiendo. Durante estos períodos cortos de trabajo, sí debemos de ser muy exigentes en la concentración de nuestros caballos; debemos de separar claramente los tiempos de trabajo de los de recreo; cuando les pedimos trabajo, no permitiremos distracciones y faltas de atención, queremos la máxima concentración por su parte, que esté atento a nuestras indicaciones, esto nos será muy útil en el futuro. El día de la competición, por ejemplo.
Todo esto bien entendido, que debemos de ser capaces de dosificar y planificar muy bien nuestro entrenamiento con la finalidad de progresar en el mismo y tener un caballo dispuesto a acompañarnos por ese camino. Debemos cuidar y “trabajar”, muy mucho su cabeza; su moral debe de estar siempre alta, su confianza y auto-estima deben de encontrarse en niveles óptimos. Es nuestro indicador de que vamos por buen camino, que nuestro método y progresión es el adecuado. Enhorabuena. Lo hemos conseguido. Nos estamos comunicando con él, enseñándole y progresando en nuestras aspiraciones ecuestres.
Francisco Miñana
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