LA ELECCION DE UN POTRO
Publicado por Miglesias el 20/2/2008 (4596 lecturas)
¿Cómo puede uno evitar los engaños en la compra de un potro?
Tenemos que examinar sus hechuras, su fisico, ya que sobre su carácter y sus cualidades psíquicas es dificil obtener información, tratándose de un ejemplar sin montar.
Referente al cuerpo, lo primero son los pies. Lo mismo que una casa por muy bonita que sea, no sirve para nada si no tiene los cimientos adecuados, pues lo mismo con un caballo. Por muy bonito y bueno que sea en lo demás, si tiene los pies defectuosos, no nos será de ninguna utilidad, ya que no conseguiremos sacar provecho de sus cualidades.
Para la inspección de los pies, empezamos con los cascos. La calidad de la córnea es primordial, y la córnea espesa y dura da un pie mejor que la delgada. Luego miramos la conformación de los cascos, desde la punta hasta los talones, y fijarse en su inclinación, que no sean demasiado rectos ni demasiado inclinados. Simón dice que los buenos cascos se conocen por el sonido, y está en lo cierto, porque el casco cóncavo, cuando golpea el suelo, resuena como un címbalo.
Seguimos subiendo desde aquí hacia el resto del cuerpo. Es muy importante que las cuartillas no estén demasiado rectas, como las de la cabra, ya que por su falta de flexibilidad estos pies sacuden al que monta, y las extremidades son propensas a las inflamaciones. Pero tampoco conviene que estén demasiado inclinadas, porque entonces los menudillos se despellejarían y se llenarían de heridas al tener que trabajar el caballo entre terrones o entre piedras.
Las cañas tienen que ser fuertes, porque son las que soportan el cuerpo pero no llenas de carnes ni de venas, ya que entonces, cuando el caballo trabaje por terrenos duros, las venas se llenan de sangre, se originan varices, las extremidades se hinchan y la piel se despega, y el caballo se queda cojo.
En cuanto a las rodillas, si al andar el potro las dobla con soltura, pensaremos que trabajando seguirá teniendo esta soltura. Aunque con el tiempo todos los potros suelen adquirir mas y mas soltura en las rodillas. Las extremidades flexibles son muy valoradas, y con razón, por que favorecen la agilidad y el equilibrio del caballo, que suelen tropezar menos que aquellos con los miembros mas rigidos.
El antebrazo, si es espeso, parece mas fuerte y más vistoso, y el pecho, cuanto más ancho, mejor, más bonito y más fuerte. Además este pecho ancho de por sí tiene como resultado unos anteriores bien separados, y la consiguiente ausencia de interferencias.
Ahora el cuello, en su unión con el pecho, que no nazca caído corno en el jabalí, pero mas bien corno en el gallo, que salga para arriba, hacia la nuca, que sera flexible y esbelta, mientras que la cabeza, aunque huesuda, tendrá las quijadas pequeñas. Con esta conformación del caballo, el jinete tendrá el cuello delante de si y podrá ver el suelo. Además, un caballo así, por muy nervioso y excitado que se ponga, siempre es más fácil de sujetar. porque los caballos, cuando intentan desbocarse o hacerse con la mano, no lo hacen con cabeza y cuello recogidos, sino que necesitan estirarlos.
Es también imprescindible examinar la condición de las quijadas, si son sensibles o están endurecidas, las dos, o una más y la otra menos. Los caballos con quijadas desiguales las suelen tener diferentes en sensibilidad y son entonces más dificiles de boca. Los ojos a flor de cabeza son preferibles a los ojos hundidos, primero porque es señal inequívoca de un caballo bien despierto, y también porque esta disposición amplifica su campo de visión.
Los ollares anchos y bien abiertos permiten mejor respiración y al mismo tiempo son indicación de un caballo fogoso. Esto lo vemos cuando un caballo provoca a otro, o cuando se excita trabajando, y que sus ollares se abren y se ensanchan.
La nuca mas bien ancha y las orejas mas pequeñas, hacen más típica y característica la cabeza del caballo. La cruz alta le aporta al jinete un asiento más seguro. El dorso ancho y doble es más cómodo y confortable para sentarse, y encima es mucho más vistoso que uno más cortante y estrecho. Con un lomo ancho y corto al caballo le será más fácil levantar las manos y meter los posteriores. Además entonces el vientre parece más pequeño. Un vientre grande afea y debilita al caballo.
La grupa será ancha, musculosa, fuerte y sólida, en armonía con el pecho y los costillares, para que el caballo sea apto para la carrera, y rápido.
Con las nalgas bien separadas y un surco bien marcado, el caballo metera muy bien los posteriores. Al hacerlo, será mas fogoso en su apariencia, y pisara con fuerza y seguridad, y se ira mejorando en todos sus aspectos. Ademas, cada uno puede hacer la prueba: cuando uno quiere levantar un objeto pesado del suelo, siempre lo hace con las piernas separadas, y no juntándolas.
En cuanto a los posteriores, y referente a los corvejones, las cañas, los menudillos y los cascos, repito lo que sobre ellos ya vimos para los anteriores.
Antes de terminar, quiero añadir algunos detalles que nos pueden ayudar para estimar la alzada. El potro que al nacer tiene las cañas mas largas llegara a ser el caballo mas grande, ya que las cañas de los cuadrúpedos casi no crecen con el paso del tiempo, mientras que el resto del cuerpo crece para llegar a un conjunto equilibrado y proporcionado al tamaño de las cañas.
Examinando el potro de esta manera, podremos encontrar uno con buenos pies, fuerte, musculoso, de buen porte y buena alzada. Y aunque unos pocos se transformarán al crecer, podemos seguir aplicando estos criterios de selección con toda confianza, ya que son muchos más los que de entre los menos buenos se vuelven aprovechables, que los que se estropean de entre los que tienen todas estas cualidades descritas.
Jenofonte, 430-355 a.d.C.
“El Arte Ecuestre’ (extracto del capítulo 1)
Tenemos que examinar sus hechuras, su fisico, ya que sobre su carácter y sus cualidades psíquicas es dificil obtener información, tratándose de un ejemplar sin montar.
Referente al cuerpo, lo primero son los pies. Lo mismo que una casa por muy bonita que sea, no sirve para nada si no tiene los cimientos adecuados, pues lo mismo con un caballo. Por muy bonito y bueno que sea en lo demás, si tiene los pies defectuosos, no nos será de ninguna utilidad, ya que no conseguiremos sacar provecho de sus cualidades.
Para la inspección de los pies, empezamos con los cascos. La calidad de la córnea es primordial, y la córnea espesa y dura da un pie mejor que la delgada. Luego miramos la conformación de los cascos, desde la punta hasta los talones, y fijarse en su inclinación, que no sean demasiado rectos ni demasiado inclinados. Simón dice que los buenos cascos se conocen por el sonido, y está en lo cierto, porque el casco cóncavo, cuando golpea el suelo, resuena como un címbalo.
Seguimos subiendo desde aquí hacia el resto del cuerpo. Es muy importante que las cuartillas no estén demasiado rectas, como las de la cabra, ya que por su falta de flexibilidad estos pies sacuden al que monta, y las extremidades son propensas a las inflamaciones. Pero tampoco conviene que estén demasiado inclinadas, porque entonces los menudillos se despellejarían y se llenarían de heridas al tener que trabajar el caballo entre terrones o entre piedras.
Las cañas tienen que ser fuertes, porque son las que soportan el cuerpo pero no llenas de carnes ni de venas, ya que entonces, cuando el caballo trabaje por terrenos duros, las venas se llenan de sangre, se originan varices, las extremidades se hinchan y la piel se despega, y el caballo se queda cojo.
En cuanto a las rodillas, si al andar el potro las dobla con soltura, pensaremos que trabajando seguirá teniendo esta soltura. Aunque con el tiempo todos los potros suelen adquirir mas y mas soltura en las rodillas. Las extremidades flexibles son muy valoradas, y con razón, por que favorecen la agilidad y el equilibrio del caballo, que suelen tropezar menos que aquellos con los miembros mas rigidos.
El antebrazo, si es espeso, parece mas fuerte y más vistoso, y el pecho, cuanto más ancho, mejor, más bonito y más fuerte. Además este pecho ancho de por sí tiene como resultado unos anteriores bien separados, y la consiguiente ausencia de interferencias.
Ahora el cuello, en su unión con el pecho, que no nazca caído corno en el jabalí, pero mas bien corno en el gallo, que salga para arriba, hacia la nuca, que sera flexible y esbelta, mientras que la cabeza, aunque huesuda, tendrá las quijadas pequeñas. Con esta conformación del caballo, el jinete tendrá el cuello delante de si y podrá ver el suelo. Además, un caballo así, por muy nervioso y excitado que se ponga, siempre es más fácil de sujetar. porque los caballos, cuando intentan desbocarse o hacerse con la mano, no lo hacen con cabeza y cuello recogidos, sino que necesitan estirarlos.
Es también imprescindible examinar la condición de las quijadas, si son sensibles o están endurecidas, las dos, o una más y la otra menos. Los caballos con quijadas desiguales las suelen tener diferentes en sensibilidad y son entonces más dificiles de boca. Los ojos a flor de cabeza son preferibles a los ojos hundidos, primero porque es señal inequívoca de un caballo bien despierto, y también porque esta disposición amplifica su campo de visión.
Los ollares anchos y bien abiertos permiten mejor respiración y al mismo tiempo son indicación de un caballo fogoso. Esto lo vemos cuando un caballo provoca a otro, o cuando se excita trabajando, y que sus ollares se abren y se ensanchan.
La nuca mas bien ancha y las orejas mas pequeñas, hacen más típica y característica la cabeza del caballo. La cruz alta le aporta al jinete un asiento más seguro. El dorso ancho y doble es más cómodo y confortable para sentarse, y encima es mucho más vistoso que uno más cortante y estrecho. Con un lomo ancho y corto al caballo le será más fácil levantar las manos y meter los posteriores. Además entonces el vientre parece más pequeño. Un vientre grande afea y debilita al caballo.
La grupa será ancha, musculosa, fuerte y sólida, en armonía con el pecho y los costillares, para que el caballo sea apto para la carrera, y rápido.
Con las nalgas bien separadas y un surco bien marcado, el caballo metera muy bien los posteriores. Al hacerlo, será mas fogoso en su apariencia, y pisara con fuerza y seguridad, y se ira mejorando en todos sus aspectos. Ademas, cada uno puede hacer la prueba: cuando uno quiere levantar un objeto pesado del suelo, siempre lo hace con las piernas separadas, y no juntándolas.
En cuanto a los posteriores, y referente a los corvejones, las cañas, los menudillos y los cascos, repito lo que sobre ellos ya vimos para los anteriores.
Antes de terminar, quiero añadir algunos detalles que nos pueden ayudar para estimar la alzada. El potro que al nacer tiene las cañas mas largas llegara a ser el caballo mas grande, ya que las cañas de los cuadrúpedos casi no crecen con el paso del tiempo, mientras que el resto del cuerpo crece para llegar a un conjunto equilibrado y proporcionado al tamaño de las cañas.
Examinando el potro de esta manera, podremos encontrar uno con buenos pies, fuerte, musculoso, de buen porte y buena alzada. Y aunque unos pocos se transformarán al crecer, podemos seguir aplicando estos criterios de selección con toda confianza, ya que son muchos más los que de entre los menos buenos se vuelven aprovechables, que los que se estropean de entre los que tienen todas estas cualidades descritas.
Jenofonte, 430-355 a.d.C.
“El Arte Ecuestre’ (extracto del capítulo 1)
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